miércoles, 10 de octubre de 2012

Crónica del festival de Sitges. Día 6: Cosmopolis, cine superior.

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Cosmopolis es una película densa, difícil, que solo es capaz de hacer un director que se sabe un genio, a quien no le importa el riesgo y que, claro, ha dividido a los asistentes de Sitges. Yo lo tengo claro. Una de las películas más importantes de los últimos años.
Cronenberg siempre nos ha hablado de la incomunicación y la deshumanización del hombre. Viene haciéndolo desde sus películas de la "nueva carne" donde la tecnología y la ciencia actuaban directa y física y mentalmente sobre sus personajes, mutándolos, aislándolos, trastocándolos y abocándolos a las más profunda soledad. Las películas adscritas a esta etiqueta de la "nueva carne" y las cintas de terror que Cronenberg realizaba por aquellos años 80 y 90 también mutaron. El director canadiense inició década con un estilo muchísimo más depurado, más elegante, casi operístico y pese a usarlo para contar historias de invididuos de cierta marginalidad, en ningún caso los llevaba hasta los extremos de sus anteriores obras.


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Cosmópolis vuelve a aquellos temas de alienación profunda y lo hace con la estética sobria y elegante que el director ha atesorado en los últimos años. El resultado es una bomba de difícil digestión que linda con la obra maestra. Y la difícil digestión viene dada por sus cargados y densos diálogos que llenan la película de principio a fin.
Cosmopolis ya no utiliza la medicina ni la tecnología, sino la economía, para en estos momentos de profunda crisis, crear una certera parábola sobre los tiempos que vivimos y hacer un terrorífico hincapié sobre la deshumanización y la incomunicación de la que hablábamos.
Cronenberg llena la película de planos extraños, hipnóticos, sugerentes, con movimientos de cámara lentos, a veces meciéndose, otras casi flotando y compone una opereta cargada de personajes que comparten espacios y conversaciones pero que no logran crear ningún lazo afectivo que los una. Cada uno está encerrado en su propia frustación, cada uno piensa en sí mismo. Los poderosos son fríos, calculadores, hieráticos y no se ven afectados por la rabia de los pobres (la escena de los manifestantes y el coche es una metáfora que hiela la sangre) y el pueblo está lleno de rabia y frustación pero tampoco sabe redirigirla y se pierde en actos absurdos. Ambos lados quedan muy bien reflejados en la larga escena entre Giamatti y Pattinson, dos extremos que casi se tocan y que en cierta manera se admiran y se necesitan. Pero la sociedad está demasiado enferma para una posible solución y el guión adquiere en su tramo final una carga filosófica impresionante.
Cosmópolis es profunda, certera, genial y difícil. Ofrece una de las mejores películas de los últimos años pero exige un espectador que esté a la altura, cómplice, inteligente, que sepa llenar de pasión y tensión racional e intelectual la frialdad y profundidad que el director debe dar a la trama. La de los tiempos que corren. Porque Cronenberg llega donde nadie puede, donde nadie se atreve. Es lo que se viene a llamar un genio.


Nota: 9'5

losthighwayblog PattinsonWorld

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