sábado, 25 de enero de 2020

Críticas «El faro»: Sumersión en la locura «El faro»: Gaviotas, salitre y terror



CRITICA 1

Terror elevado

Robert Eggers debutó en el cine en el año 2016 con La bruja, estableciendo un precedente de aquello que los críticos americanos han bautizado como “terror elevado”: cine de género que es algo más que una sucesión de sustos y golpes de efecto. Al margen del menosprecio implícito en el concepto hacia el cine comercial, lo cierto es que La bruja fue una película que por lo general gustó más al sector cinéfilo del público que al espectador casual, el cual, básicamente, se aburrió como una ostra.

Ahora, Eggers repite la jugada con El faro, otro film de género respaldado por la misma major, Universal, y que, al igual que La bruja, no es tanto una película de terror sino sobre el terror, y de cómo este actúa como salvoconducto para meterse de lleno en las fauces de la locura.

Terror expresionista

El faro arranca con dos hombres llegando a una isla remota donde deberán residir durante cuatro semanas cuidando de un faro. El mayor tiene una larga experiencia en alta mar y el otro es su aprendiz. El primero impone rápidamente la jerarquía de poder, por la cual él se encargará exclusivamente del mantenimiento del faro, mientras que las tareas más farragosas recaerán en su joven compañero. Al mismo tiempo, se producen una serie de extraños sucesos que enrarecerán y tensarán la relación entre estos dos hombres.

Eggers va un paso más allá en la notable recreación histórica que realizó de la Nueva Inglerra del siglo XVII en La bruja rodando en un blanco y negro de 35 mm y con una relación de aspecto cuadrado que, además de acentuar la opresión y la claustrofobia de la historia, enfatiza la composición de cada imagen y la fuerza de cada primer plano. Eggers no llegó a rodar la nueva versión de Nosferatu que tenía planeada, pero el espíritu del expresionismo alemán se ha adueñado de El faro y se hace patente en todas y cada una de sus turbadoras imágenes.

Terror humano

El faro funciona tan bien a nivel visual como interpretativo. Robert Pattinson y Willem Dafoe se marcan un duelo que quedará para los anales. Es tan admirable la forma en la que Pattinson abraza el paulatino descenso a los infiernos de su personaje como la encarnación de Dafoe de ese hombre que lo empuja a ella a base de alcohol, verborrea incorregible y maneras detestables. Se pelean, se gritan, se emborrachan, se acercan, confiesan sus pecados, se distancian y, en definitiva, marcan el ritmo de una relación compleja y rica en matices que abarca desde la tiranía del sistema capitalista hasta la tensión homoerótica.

Conclusiones de ‘El faro (The Lighthouse)’

Un tercer acto siempre al filo del precipicio y demasiado reiterativo supone el único gran pero que se le puede achacar a la confirmación de Robert Eggers como “director elevado”. La mitología griega, el cine clásico, la crítica social, el freudismo y las leyendas marinas se retroalimentan para dar forma a una experiencia fílmica única, atmosférica y que no dejará indiferente a nadie.

Eggers deja muchas preguntas por contestar, contribuyendo a que El faro y sus impactantes visiones permanezcan rondando por nuestra cabeza durante mucho tiempo. Como ya nos pasó con las cabras por culpa de La bruja, jamás volveremos a ver a una gaviota de la misma manera.




CRITICA 2

De ‘La Bruja’ a ‘El Faro’

Cuatro años después de firmar su brillante ópera prima, Robert Eggers se confirma como un cineasta único, capaz de crear atmósferas angustiosas y asfixiantes que atrapan al espectador sin la necesidad de recurrir a ‘jumpscares’. En La bruja nos encontrábamos con una historia de terror-folk ambientada en la Nueva Inglaterra del siglo XVII. Tanto la escenografía, como el guión estaban cuidados hasta el último detalle lo que conseguía componer un relato escalofriante y único que cautivó tanto a la crítica como al público.

La trama de El Faro es simple, dos fareros tienen que convivir durante cuatro semanas en una isla en la Nueva Inglaterra de finales del siglo XIX. El farero viejo, interpretado por Willem Dafoe, deja clara su posición de superioridad desde el primer momento prohibiendo al farero joven, Robert Pattinson, subir a la habitación donde se encuentra la luz del faro. La tensión entre estos dos personajes es el elemento que hace que la trama se convierta en una pesadilla que poco a poco va arrastrando hacia la locura a los dos protagonistas.

En los límites de la realidad

El Faro es una pesadilla. Un viaje hacia la locura en el que la línea entre lo real y lo imaginario se va difuminando hasta desaparecer por completo.

El guión firmado a cuatro manos por Robert Eggers y su hermano Max es exquisito. Las escenas que comparten los dos protagonistas son delirantemente elásticas, pasando de un humor hilarante a una violencia explícita en unas pocas líneas de guion. Esta elasticidad se incrementa, a la par que la locura, a medida que el film avanza hasta alcanzar su cénit en el clímax final.

La película se sostiene en las magistrales interpretaciones de Pattinson y Dafoe. Pattinson realiza la que puede ser su mejor interpretación hasta el momento. Dafoe capta a la perfección todos los puntos fuertes de su personaje logrando uno de los hitos de su carrera.


Una atmósfera única

El Faro es una película minimalista que, al igual que ‘La Bruja’, está cuidada hasta el último detalle. El empleo del formato 1.19:1 junto al filtro en blanco y negro de grano grueso dejan claro desde el principio que no estamos ante una película más. Los planos y encuadres, minuciosamente seleccionados, presentan imágenes muy potentes a la vez que sobrias. La escenografía de la película, casi teatral, recuerda al cine en blanco y negro. Todo esto contribuye a la creación de una atmósfera opresiva y atemporal que hipnotiza y asfixia al espectador a partes iguales.

En el apartado sonoro cabe destacar la banda sonora de Mark Korven, que vuelve a colaborar con Eggers, con un estilo minimalista y experimental que encaja a la perfección con la estética de película y que se complementa con una ciudada edición de sonido.

Conclusión

El Faro no es una película para todo el mundo. No lo pretende. Eggers crea una pesadilla minimalista, hermosa y asfixiante a partes iguales construida sobre las magistrales interpretaciones de Pattinson  y Dafoe. Una película de culto, un clásico instantáneo.

Reportaje de El Faro en Días de Cine TVE


2 comentarios:

  1. Muchísimas gracias, Nani.
    Me alegra muchísimo de que tenga tan buenas críticas la película.
    Rob se atreve con todo, otro gran reto para él.

    ResponderEliminar
  2. Muy buenas críticas , me encantan , que ganas de verla

    ResponderEliminar

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