El día que el actor se subió las solapas del abrigo y salió a dar un paseo por Manhattan para que Dennis Stock lo fotografiara, estaba naciendo un mito. La nueva película de Anton Corbijn descifra aquel momento.
En Crash, la novela de J.G. Ballard adaptada al cine por Cronenberg, uno de los personajes da vida a un fetichista obsesionado por los accidentes de coche. Más en concreto, poseído por el instante preciso de hierro y carne que acabó con la vida de James Dean cuando contaba con 24. Cada noche, él y los suyos recrean la colisión entre el Ford Tudor y el Porsche del actor, el 30 de septiembre de 1955 a las cinco y cuarto de la tarde en la carretera 466. Cuentan que George Barris, creador del Batmobile y coleccionista, adquirió los restos del automóvil y, tras reconstruirlo con esmero de embalsamador devoto, el artefacto transfigurado en símbolo se convirtió en el protagonista de un espectáculo triste que recorrió el país. Y así hasta que en 1960, Little bastard (así apodaba Dean a su máquina) desapareció.
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