jueves, 11 de agosto de 2016

‘The Childhood of a Leader’, una parábola del mal, entre guerras



PILAR AYUSO
Crítica de cine/el Nuevo Herald

Con sus siete años Prescott es un niño difícil, con una actitud provocadora y desafiante, de oposición a toda norma y disciplina. Trasladado a Francia desde los EEUU, su padre es un diplomático del gobierno estadounidense que viaja continuamente, mientras la madre queda en el sombrío palacete de provincia al cuidado del pequeño, que aprende el francés con una institutriz y es mimado por la vieja criada. Estamos en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, en vísperas de la firma del Tratado de Versalles.

En una escena en el comedor, Prescott aleja su plato con gesto retador. No importa cuanto tiempo estará, mientras no coma, bajo la vigilancia de la pobre niñera que cabecea de sueño a su lado. El chico es capaz de pasar la noche ante su plato lleno, capaz de recluirse por días, en pie de guerra, en su habitación, capaz de aprender solo a leer el francés, para demostrar que su sensual educadora es innecesaria. Es la simiente del monstruo en que se convertirá. El huevo de la serpiente fascista, inspirada en la obra homónima de Jean-Paul Sartre, con rimbombante música de Scott Walker.

Brady Corbet, actor de Funny Games, por primera vez detrás de cámara, ha construido su filme con un propósito de elaboración estética. La fotografía de Lol Crawley es excelente. Abundan planos largos, afinadamente construidos, composiciones que semejan lienzos naturalistas, con claroscuros que beben del tenebrismo pictórico. El filme exhibe a su vez un abanico de meritorias actuaciones. Bérénice Bejo (The Artist) es excelente como la madre de alma dura y despreciativa hacia las clases pobres. El padre (Liam Cunningham), cala al patriarca ajeno e implacable. El niño Tom Sweet es magnífico. También figura Robert Pattinson en cameo final.

El problema está en que el tenebrismo conceptual alcanza y afecta la capacidad de generar empatía e interés del receptor hacia la historia que aquí se narra. Si la intención era atormentarnos con esta obvia parábola del mal entre dos guerras mundiales, lo consigue. La larguísima y pretenciosa secuencia final, con desfile de hombres con insignias rojas que recuerda a The Wall con música de Pink Floyd, le pone el broche más oscuro a este viaje que va al futuro y enloquece, con un golpe de expresividad abrumadora, una partitura opresora, una imagen que pierde a propósito la dirección. El filme, visualmente admirable, termina convertido en espectáculo difícil de contemplar.


Fuente 

2 comentarios:

  1. Es una magnífica película en todos los sentidos desde la forma en que ha sido rodada, poniendo un enorme cuidado en todos los detalles, pasando por el argumento que es complejo pero que ha sido resuelto de forma brillante, hasta el reparto de actores que hacen un trabajo extraordinario porque son papeles muy difíciles de interpretar y donde Rob está absolutamente magistral!!!
    Muchas gracias, Nani!!!

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  2. ¡Cuánto más leo, más ganas me entran de verla! Es una historia tan tenebrosa, tan interesante y tan inquietante.
    Y nuestro Rob, por lo que hemos visto, borda el personaje, como siempre.

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